¿Qué se hace con un amor que te arrastra en su caída debido al consumo problemático de drogas? ¿Habrá alguna clase de consumo que no sea problemático? Muchas veces resulta fácil decir que hay ciertos seres que lo devastan todo a su alrededor porque en su vorágine existencial tienen la pureza de un vendaval. Pero un día el amor comienza a buscar cualquier mínimo rayo de luz para escapar; temiendo consumirse del todo, no quiere ver cómo se destruye a sí mismo frente al otro, le teme al dolor como al odio, esa pasión que no se puede curar. Antes de la huida habrá un momento de reflexión, acaso porque siempre intentamos encontrar un motivo para justificar a los que amamos, o porque uno puede tener razón y ser injusto, es cierto. “Si Gemma quería cariarse el tabique hincando la cara en una cordillera de cocaína, ¿quién era yo para interponerme a ese deseo? Si Gemma se había vuelto la vampira de Gemma, con esa palidez y ojeras mortuorias, y sufría la oxidación de sus ojos ante cada amanecer que la encontraba bailando con los colmillos desprendiendo chispazos, ¿quién era yo para explicarle que la inmortalidad era un espejismo de juventud?”, escribe Mou, el narrador de Amor seco, la nueva novela de Francisco Moulia, que cuenta las calamidades de una despedida amorosa inevitablemente grotesca. Los protagonistas, Mou y Gemma, luchan contra sus torpezas, contra su pasión por el drama y sus adicciones para lograr darle un cierre decoroso a una relación de seis años.
No corras, andá despacio que al único lugar al que debes ir es a vos mismo, diría un poeta. “Cuando me vine a vivir acá, no sabía cómo abordar casi nada de lo que el monte exigía”, escribe Mou para dar apertura a una novela que se construye en dos planos narrativos simultáneos. “No sabía hachar, no sabía cambiar una garrafa, no sabía cuáles eran los escondites preferidos de las arañas, ni de dónde extraer la motivación para aprender todo esto y las mil cosas que me exige el monte. Pero siempre llega el invierno, siempre la garrafa se acaba, siempre aparece una araña malhumorada debajo de las sábanas. No creo en gurúes ni en quirománticos ni en ninguna otra forma de orientación profética. En todo caso, si existe algo parecido a un guía es la necesidad. El monte no es un maestro de nada. El monte se expresa y no mucho más”. Ocurre que Mou dejó Buenos Aires apenas Gemma se volvió a Italia y escribe la novela desde su nueva vida en el monte cordobés: así propone una autopsia exuberante de esos meses de despedida. Cada intento de pacificar esa transición hacia el alejamiento definitivo se vuelve un paso más hacia ese infierno tóxico que componen entre los dos y que, paradójicamente, encuentra en el amor el mayor argumento de combustión.
“Amor en seco es una transición quijotesca, plagada de extravagancias y absurdos”, dice Francisco Moulia, autor, entre otras novelas, de Cortes argentinos, Los infieles y Delfines en Venecia. “El narrador, Mou, trata de reconstruir como si en esa ridiculización de la tragedia pudiera alcanzar algún tipo de depuración del recuerdo. Escribir esta novela fue particularmente catártico, no tanto en relación con la purga del recuerdo que inspiró la historia, sino como una instancia de reconciliación con la intensidad que toda buena escritura, en mi opinión, necesita tener. Fueron meses muy nocturnos, en los que me fui volviendo cada vez más rehén de la historia. Escribir, para mí, siempre tuvo algo de cautiverio, de un aislamiento introspectivo que me educa. En ese sentido, diría que Amor seco es el texto del que más aprendí. Quizás el voltaje emocional de la historia que narra e, incluso, la proximidad de la trama respecto de mi propia biografía fueron factores que me exigieron una visceralidad a la hora de escribir que hacía rato no experimentaba”.
Sobre su concepción de la literatura autobiográfica, o sus variantes de etiquetas como la literatura del yo, Moulia, dice: “Mou y Moulia tienen tantas cosas en común como diferencias. Y no me parece justo ni literariamente productivo crear un texto que le proponga a los lectores ese juego de encontrar las diez diferencias entre narrador y autor; el famoso ‘qué tanto es ficción, qué tanto es verdad’. Hablar de literatura autobiográfica no debería ser más que una propuesta estética en la que se pone de relieve que la historia se cuenta desde un punto de vista muy íntimo, quizás tomando como plataforma de construcción algunos hechos concretos de la vida del autor, pero que apenas sirven para aprovechar la potencialidad que brinda la ficción. Incluso, siento que escribir todo tal cual me pasó sería, además de narcisista, redundante y aburrido”.
Si en algo enfatiza con suma originalidad Amor seco es que ninguno de los dos está capacitado para enfrentarse con la adicción del otro, porque hay que decir que Gemma se vuelve tan adicta a esa anarquía delirante que le proponen las drogas como Mou al drama de tener que lidiar con ella en ese estado. Lejos de buscar posicionarse en ninguna vereda moral al respecto, la novela se desboca en las escenas de mayor euforia narcótica y se serena en esos otros momentos en los que los personajes sufren la resaca nostálgicamente introspectiva de la sobriedad. Ahora bien, aunque la novela no establece ningún tipo de juicio de valores respecto de las adicciones, sí se propone desmitificar ese cliché que dicta que los artistas son personas que necesitan romperse para crear. Los cómplices de Gemma en esa espiral de autodestrucción son todos veinteañeros, de familias acomodadas, que justifican su altísimo nivel de consumo de drogas a través de una supuesta ambición artística. En ese sentido, la novela deja en claro que la droga muchas veces se interpone como un obstáculo entre el autor y su obra, y que, en todo caso, si se recurre a ella, por lo general, tiene más que ver con la búsqueda de una épica inútil que con la necesidad de desentrañar algún tipo de inspiración divina.
Amor seco de Francisco Moulia narra desde una honesta sensibilidad los desafíos que aparecen al momento de intentar darle un cierre a una relación amorosa en ese estado de aturdimiento en el que la idea de continuar es tan aterradora como la de terminar definitivamente.
Amor seco/ Francisco Moulia
Factotum Ediciones
162 páginas