Asunto Impreso

Luis Mey: la infancia herida en la novela Los pájaros de la tristeza

La novela, narrada desde la mirada de un niño que intenta comprender un mundo marcado por el abandono y la violencia, regresa en una nueva edición. Luis Mey reflexiona sobre la voz infantil, la crítica social y la extraña felicidad que le produjo escribirla.

Acasi una década de su primera publicación, Los pájaros de la tristeza vuelve a circular en una nueva edición de Factotum. La novela de Luis Mey —que narra la infancia atravesada por la violencia, el abandono y la fragilidad de los vínculos— encuentra una segunda vida en un contexto donde las preguntas que plantea siguen resonando con fuerza. Escrita desde la voz de Manuel, un niño con dificultades cognitivas, la historia se construye desde el desamparo, pero también desde una sensibilidad que busca mostrar aquello que suele quedar fuera del relato adulto.

Sin embargo, cuenta Mey en esta entrevista con OHLALÁ!, que el libro guarda una paradoja íntima. Aunque el título y los temas que aborda remiten a la tristeza, el proceso de escritura fue, para él, profundamente luminoso. “Por triste que parezca, a mí me desbordó de felicidad al escribirlo”, dice el autor, que describe la experiencia como mirarse en un espejo y descubrir una cara que nadie más ve. Esa dualidad —entre oscuridad y pulsión vital— atraviesa la novela y también su recorrido como escritor.

¿Qué te llevó, en su momento, a escribir Los pájaros de la tristeza?

Primero, el caos de escribir sin proyectos, a lo cual invito a todos, porque uno, mareado, permite ingresar tonos o historias que ya no lo sacudan para desarmar estructuras que asfixian, sino para salir de abajo del agua y respirar; que son, para mí, las que están llenas de esa pulsión de vida. Así surgió, entonces: escribiendo otras cosas. Algunas las terminé, muchísimas otras no, por suerte, pero que gracias a ellas seguí buscando y encontré Los pájaros, que nace, de algún modo, de una necesidad que entendí después: intentar llevar la voz infantil a la página de la manera más pura posible, y con ella mostrar, tal vez, las batallas necesarias contra la esmerada y convencida destrucción de los adultos.

Esta es una reedición (la primera fue publicada por Seix Barral en 2017). ¿Qué significa para vos que el libro vuelva a circular ahora de la mano de Factotum Ediciones?

Primero, o ante todo, siempre, la emoción de un editor que cree en el trabajo de uno, cosa rara en esta industria. No en el trabajo circunstancial, en un libro, sino en todo, incluso cuando tiene que rechazarlo, pero está ahí, atento al devenir de sus autores. No sé si existe tanto ya. Así que de alguna manera fue sentir que Los pájaros volvía a casa, al lugar donde debió estar, junto con Brujas de Carupá, que es una especie de secuela de Los pájaros de la tristeza.

¿Releíste la novela para esta reedición? ¿Te encontraste con otro Luis Mey?

Por otro lado, a pesar de la alegría, no, no la releí antes de reeditarla. No era yo el que tenía que hacerlo, o no al menos ahora, que estoy releyendo tantas cosas que leí mal en el pasado, y que ahora amo y disfruto mejor. Sí, reconozco, encuentro otro Luis, un yo que mira al libro como un vecino que sonríe cuando ve que creció bien el niño de al lado, que logró salir adelante. Ese texto se publica a mi nombre, pero hace rato que ya no es mío. Soy otro autor, como también fui otro autor cuando salió Los pájaros de la tristeza respecto de los textos anteriores.