Asunto Impreso

La madre muere y ella vuelve a la casa: un libro que parte de lo autobiográfico para ir al dolor de todos

Sonia Santoro trasciende la historia personal en "Ahora creemos en esas cosas", donde objetos cotidianos ayudan a pensarse y a pensarnos

En un artículo llamado Érase una vez el fin, Leila Guerriero analiza una serie de libros cuyo tema central es la pérdida de un ser querido: la madre, un hijo, un hermano, una pareja de muchos años. Esos libros, dice, son parte de un género al que nadie querría dedicarse, y advierte una serie de características en común: son breves, los capítulos que los componen también son breves (nadie resiste quedarse demasiado tiempo en esos lugares, por valiente que sea, ni el autor ni los lectores), están estructurados en forma de diario o cartas, se amparan en la elipsis y para contar el final casi siempre empiezan por el principio.

El libro de Sonia Santoro, Ahora creemos en esas cosas, pertenece a ese género y comparte algunas de las características que Guerriero releva. Una hija llamada Sonia escribe un diario durante la enfermedad de su madre. Cuando la madre muere y Sonia tiene que volver a la casa donde la madre vivió toda la vida, una casa del conurbano bonaerense en la que la hija también vivió e incluso se crio, lo que empieza es un diálogo con esa madre que ya no está, pero de alguna manera responde a las preguntas que la hija se hace. O no las responde, pero el recurso le permite formularlas. El libro avanza en esa dialéctica que se establece entre los apuntes diarios y el diálogo con una madre presente a través de las plantas, de los objetos, de recetas de cocina y otras pequeñas herencias, de una manera muy particular de ser que la hija rememora y de la que a veces reniega y otras no puede evitar reconocer que ella es igual.