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Cuentos rusos: un libro compila grandes nombres de la literatura pre-soviética

Factótum Ediciones acaba de lanzar "Cuentos rusos", parte de su colección Palabras Mayores.

Por Daniel Castelo

La literatura rusa, a falta de títulos que sumen a las listas de best sellers contemporáneos, contiene en su historial a múltiples íconos de la narrativa universal, a textos de catálogo, de los que hacen la historia grande de la palabra escrita. En la vasta tradición de la narrativa de aquella parte del mundo, existen voces que dialogan con la lectura actual desde una época de la historia tal como la previa de la revolución bolchevique. 

 Factótum Ediciones acaba de editar “Cuentos rusos”, que se suma a su colección de cuentos de distintas partes del mundo y diferentes temáticas. En este caso se trata de una reunión de grandes nombres de la literatura rusa en su versión cuento.

La antología propuesta por la colección Palabras mayores incluye a nombres como Lev Tolstói, Fiódor Dostoievski y Leonid Andréiev, solo para empezar.

 El autor de “La guerra y la paz” abre el índice con “Tres muertes” (1859), en torno al fallecimiento de dos personas tan disímiles como una mujer de la alta sociedad y un campesino. El tercer caso es el de un árbol. En su(s) relato(s), Tolstói invita a pensar la forma en que se articulan dignidad, aceptación y empatía ante los últimos alientos.

“Llegó la primavera. Por las calles mojadas de la ciudad, entre bloques de estiércol congelado, murmuraban unos rápidos hilos de agua; los colores de la ropa y el sonido  de la conversación de los transeúntes eran vistosos. En los pequeños jardines detrás de las cercas se hinchaban los brotes de los árboles, y sus ramas casi se oían al ser balanceadas por el viento fresco”.
(Lev Tólstoi, “Tres muertes”)

Al titán Lev le sigue en la lista Fiódor Dostoievski, que despliega su capacidad narrativa a través de una mirada despiadada de las infancias pobres. "El niño en la fiesta de Navidad de Cristo" (1876) es el cuento en cuestión, que pone en juego una foto sobre la pobreza y la inocencia perdida en épocas en que San Petesburgo todavía no se llamaba Leningrado.

 Por su parte, Andréiev nos lleva a la oscuridad de la angustia existencial a través de "El angelito", con una arremetida de desesperación en el cuerpo y mente de un niño cuya pureza choca de frente con lo ominoso de la vida. 

“A veces Sashka quería dejar de hacer lo que se llama vida: no lavarse en la mañana con agua fría, en la que flotan finas capas de hielo, no ir a la escuela, no escuchar cómo allí todos lo insultan y no sentir dolor en la cintura y en todo el cuerpo cuando la madre lo deja toda la noche de rodillas”.
(Leonid Andréiev, “El angelito”)

“Cuentos rusos” presenta una edición cuidada, con traducción y prólogo de Alejandro Ariel González y, además, una presentación con una tipografía grande, cómoda para todxs.

Otro de los puntos fuertes del libro es la presencia de Nadiezhda Teffi (Nadezhda Aleksandrovna Lokhvitskaya según su partida de nacimiento) y su cuento "Los dobles" (1927). El agudo sentido del humor de la escritora que supo participar de publicaciones satíricas a comienzos del siglo XX, aplica su mirada filosa para describir particularidades de una humanidad que intentaba entender, apenas unos años después de la revolución bolchevique. Teffi explora en su relato las máscaras que sus coterráneos se quitaban en aquella época para ponerse otras, para disimular y disimularse. ¿Hay diálogo entre la obra de Teffi y “El doble”? Lo hay y se ubica en el orden de la exploración de duplicidad, en ese universo que se abre cuando la propia fragmentación con la que lidiamos nos pega de frente.

 Hay (había) también lugar para la distopía en la Rusia pre-soviética. A “La fiesta de la inmortalidad”, de Aleksandr Bogdánov, hay que contextualizarlo en 1914, cuando fue editado, apenas tres años antes de la revolución.

“En los polos, unos soles artificiales derretían los hielos, y por las noches, sobre la tierra, se elevaban lunas eléctricas que derramaban una luz tenue y acogedora. Un solo peligro amenazaba la Tierra: la superpoblación, puesto que las personas no morían”. 
(Aleksandr Bogdánov, “La fiesta de la inmortalidad”)

Según todo indica, el futuro no está escrito en ningún lado, pero Bogdánov con este cuento de hace más de un siglo se ubica en un lugar de preferencia a la hora de los relatos proféticos. Porque el texto nos enmarca en un mundo del futuro en el que la ciencia logró que se alcance la inmortalidad, entre otros asuntos.

“El espectroteléfono de cada ciudad comunicaba los departamentos con los teatros, las oficinas de los periódicos y las instituciones públicas. Cada cual podía gozar libremente en casa del canto de los artistas, ver el escenario en una pantalla, escuchar los discursos de los oradores, conversar con sus conocidos.”
(Aleksandr Bogdánov, “La fiesta de la inmortalidad”)

Y hay más, pero queda a descubrir por quienes se sumerjan en los textos impresos. 

Índice completo

Tres muertes, por Lev Tolstói

El niño en la fiesta de Navidad de Cristo, de Fiódor Dostoievski

El angelito, de Leonid Andréiev

Los dobles, de Nadiezhda Teffi

La fiesta de la inmortalidad, de Aleksandr Bogdánov

El milagro de los caballos, de Marina Tsvietáieva

Nikita, de Andréi Platónov