Asunto Impreso

Un relato cautivante y dramático

Viaje a la infancia de un niño especial

Luis Mey es un escritor que promete. Su primera novela, Los abandonados, fue elegida por la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires para formar parte del libro Doce narradores argentinos, representando a la Argentina en la Feria del libro de Frankfurt 2009.
En esta, su segunda novela, el protagonista repisa los senderos de su infancia y adolescencia desde un relato atrapante, lineal, en el que frases cortas y cargadas de contenido dan cuenta de su drama: un padre golpeador, alcohólico y dominante, que no hace sino continuar el legado que recibió generacionalmente. Una madre sumisa pero permisiva porque no avizora otra salida. Cuatro hermanos que comparten la situación y sus propios problemas, desde su hogar lindante con la "villa miseria"  La Cava del conurbano bonaerense, pero cercanos a zonas residenciales de San Isidro. En este contexto, la  violencia -atmósfera predominante de la novela- encuentra en la pelea su válvula de escape, su descompresión. El drama mayor: el alcoholismo del padre, el castigo físico y moral que inflinge a su familia y la subvaloración de sus hijos, para él todos  inútiles. La falta de dinero como problema es, en términos relativos, un paraíso. 
Situada en la década del 80, la novela no intenta ser una denuncia social, sino perfilar caracteres esbozando la comunicación buscada y no lograda de dos generaciones, en un hogar de clase media baja. El ritmo obsesivo de la narración hace prever un desenlace trágico, que felizmente no ocurre. Es que Luis Mey no busca el efectismo: no hay casi sexo en la obra o solo está mencionado tangencialmente. Otro tanto ocurre con la drogadicción.  Sólo apela a los recursos de la simpatía y el humor. Y encuentra como balance, un final -incontable, por supuesto- aleccionador y plausible.
Las garras del niño inútil es el dramático viaje a la infancia y a la adolescencia de un niño especial, en un derrotero de aventuras y perplejidad  por partes iguales. Así, uno de los mayores logros del autor estriba en haber sabido trazar en el intento, el mapa afectivo y psicológico de los protagonistas, detallando sus caracteres intrínsecos y extrínsecos. Y bucear con solvencia narrativa en el alma de un niño/adolescente  subvalorado y sufrido, que cautiva al lector con su frescura.