Asunto Impreso

La luz mala dentro de mí

Por Marcos Crotto

Cuando uno lee a Quirós enseguida sospecha que es de esos escritores transparentes y caudalosos a quienes les sobran buenas historias para contar, que impone un estilo propio sin esfuerzo y que, de luchar contra alguna dificultad, debe ser contra la avalancha de personajes que le caen en patota pidiendo su puesto.

En La luz mala dentro de mí, libro de cuentos que obtuvo el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2014, lo real y lo fantástico conviven en armonía borrando cualquier frontera que pretenda separarlos. Los paisajes que más abundan son los del Chaco, sean urbanos o rurales. Las nuevas generaciones prefieren el confort de las urbes a la soledad de la llanura calurosa. Pero de vez en cuando hay que viajar al campo y explotan los contrastes. En Quirós, la naturaleza ya no es sólo lo tenebroso medieval, ni el escenario lúdico de los románticos. Le agrega una nueva cualidad: el tedio, lo incómodo.

Este renovado choque de mundos ocurre por ejemplo en “Cazador de tapires”, un relato impecable en el que el hijo urbano y tempranamente aburguesado va a visitar al padre docente, quien vive en el monte chaqueño hace un par de años.

La violencia siempre anda acechando por las páginas, en altas o bajas dosis. No se trata de una fuerza intrínseca moldeada por el hombre sino más bien de una realidad física, como la luz o la gravedad, a la cual habrá que acostumbrarse. A esta presencia se le suma casi siempre una familia en proceso de descomposición irreversible. Para transitar este mundo difícil que propone Quirós, se barrena siempre a favor de un humor inteligente y descarnado, que va más allá del reír para no llorar porque permite reír para llorar después mejor.

Quirós logra un sinfín de personajes extremadamente queribles, pero no los inventa para mofarse de ellos sino para acompañarlos en su derrotero en busca de una redención que podrá llegar o no. Un muchacho pretende batir el récord Guinness de minutos seguidos al aire en la radio; una familia de lobizones debe dejar el campo apacible y migrar a la ciudad, donde sufren las penurias de la pobreza, el hacinamiento y la discriminación; abuelo y nieto cabalgan por el bosque en busca de un ternero perdido y se encuentran con la luz mala; el ya mencionado docente se transforma en un cazador de tapires. Si de violencia hablamos, se abordan lateralmente los setenta en la voz de un chico que a cada rato encuentra al alcance de la mano el arma que sus padres, ex montoneros, acaban de comprar para sentirse más seguros. Como se ha hecho un poco habitual últimamente, la temática del hecho mismo de escribir también ocupa su espacio, pero en este caso Quirós se ríe de aquellos que se toman en serio lo que no hay que tomarse en serio y hasta desnuda algunas miserias del rubro literario que suelen esconderse.

La luz mala dentro de mí rescata lo mejor del género: historias atrapantes desde la primera línea, extensiones variables, ritmo intenso, finales cerrados o abiertos, psicologías que muestran lo necesario, diálogos que retuercen la realidad en vez de aclararla. El lector termina empachado de personajes e imágenes que no olvidará fácilmente, y consternado por un humor impecable que ilumina el mundo oscuro con el que cargamos, aunque a veces nos olvidemos de ese peso.

 

Mariano Quirós, La luz mala dentro de mí, Factótum Ediciones, 2016, 144 págs.